Cristo Esta Contigo En La Tormenta
Marcos 4:38
Todos, sin excepción, vamos a enfrentar tormentas en esta vida. Algunas llegan de forma repentina; otras se forman lentamente hasta envolvernos por completo. Pueden ser crisis familiares, problemas financieros, enfermedades, pérdidas, decisiones difíciles o temporadas de incertidumbre. En medio de esas tormentas, muchas veces surge una pregunta inevitable:
¿Por qué me está pasando esto a mí?
Sin embargo, la fe nos invita a hacer un cambio de enfoque. La pregunta correcta no es por qué ocurre la tormenta, sino quién está conmigo mientras atravieso la tormenta. La Palabra de Dios es clara: Cristo está con nosotros en toda tormenta.
Jesús nunca prometió una vida sin problemas. Lo que Él sí prometió fue paz en medio de la tormenta. En Marcos 4:38 vemos a los discípulos luchando contra una tempestad feroz mientras Jesús estaba con ellos en la barca. Aunque las olas eran reales y el viento era fuerte, la presencia de Cristo lo cambiaba todo. De la misma manera, Su presencia sigue siendo nuestra mayor seguridad hoy.
Entonces, ¿qué hace Cristo por nosotros cuando la tormenta llega?
1. Cristo es nuestra fuerza en la tormenta
Salmo 92:10
Cuando nuestras fuerzas se agotan, la fuerza de Dios se manifiesta. La tormenta revela nuestras limitaciones, pero también revela el poder sobrenatural de Dios obrando en nosotros. El Salmo 92:10 declara que Dios aumenta nuestras fuerzas y nos unge con aceite fresco. No caminamos con nuestras propias fuerzas; caminamos sostenidos por Su unción.
En los momentos de mayor debilidad, Cristo se convierte en nuestra fortaleza. Cuando ya no sabemos qué hacer, Él nos sostiene y nos levanta.
2. Cristo calma la tormenta por nosotros
Marcos 4:39
Jesús no solo está presente en la tormenta; Él tiene autoridad sobre ella. En Marcos 4:39, Jesús se levanta y reprende al viento diciendo: “¡Calla, enmudece!” y el mar se aquieta.
Nuestra primera reacción ante la crisis no debe ser el pánico ni correr en todas direcciones buscando ayuda humana. La Palabra nos enseña que lo primero es buscar a Dios. Así lo hizo Josafat en 2 Crónicas 20:3, quien humilló su rostro para consultar a Jehová antes de actuar.
No corras de Dios en la tormenta; corre hacia Él. Habla con Dios, preséntale tu situación, tus temores y tus necesidades. Filipenses 4:6 nos exhorta a presentar nuestras peticiones a Dios con oración y acción de gracias. La oración no cambia solo la situación; primero cambia nuestro corazón.
3. Cristo es tu gozo en la tormenta
Santiago 1:2
Santiago nos da una instrucción que parece contradictoria: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.” El gozo no significa negar la realidad de la tormenta, sino confiar en que Dios está obrando en medio de ella.
Nos gozamos porque sabemos que la tormenta es temporal y porque Dios está con nosotros. Proverbios 17:22 dice que el corazón alegre constituye buen remedio. El gozo fortalece la vida, y el gozo es una decisión diaria.
Cuando decides gozarte, aunque no entiendas todo, te mueves del miedo a la fe, y de la tormenta a la presencia de Dios.
4. Cristo es tu Consolador en la tormenta
Salmo 34:18; Salmo 23:3
Dios no solo calma el viento; también sana el corazón. El Salmo 34:18 nos recuerda que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón. Cristo consuela tu alma, tu mente, tu voluntad y tus emociones. Él restaura lo que la tormenta intenta quebrar.
El Salmo 23:3 declara que Él restaura nuestra alma. Aun cuando todo alrededor parece inestable, Dios trabaja internamente, trayendo paz, sanidad y dirección.
Todos, sin excepción, vamos a enfrentar tormentas en esta vida. Algunas llegan de forma repentina; otras se forman lentamente hasta envolvernos por completo. Pueden ser crisis familiares, problemas financieros, enfermedades, pérdidas, decisiones difíciles o temporadas de incertidumbre. En medio de esas tormentas, muchas veces surge una pregunta inevitable:
¿Por qué me está pasando esto a mí?
Sin embargo, la fe nos invita a hacer un cambio de enfoque. La pregunta correcta no es por qué ocurre la tormenta, sino quién está conmigo mientras atravieso la tormenta. La Palabra de Dios es clara: Cristo está con nosotros en toda tormenta.
Jesús nunca prometió una vida sin problemas. Lo que Él sí prometió fue paz en medio de la tormenta. En Marcos 4:38 vemos a los discípulos luchando contra una tempestad feroz mientras Jesús estaba con ellos en la barca. Aunque las olas eran reales y el viento era fuerte, la presencia de Cristo lo cambiaba todo. De la misma manera, Su presencia sigue siendo nuestra mayor seguridad hoy.
Entonces, ¿qué hace Cristo por nosotros cuando la tormenta llega?
1. Cristo es nuestra fuerza en la tormenta
Salmo 92:10
Cuando nuestras fuerzas se agotan, la fuerza de Dios se manifiesta. La tormenta revela nuestras limitaciones, pero también revela el poder sobrenatural de Dios obrando en nosotros. El Salmo 92:10 declara que Dios aumenta nuestras fuerzas y nos unge con aceite fresco. No caminamos con nuestras propias fuerzas; caminamos sostenidos por Su unción.
En los momentos de mayor debilidad, Cristo se convierte en nuestra fortaleza. Cuando ya no sabemos qué hacer, Él nos sostiene y nos levanta.
2. Cristo calma la tormenta por nosotros
Marcos 4:39
Jesús no solo está presente en la tormenta; Él tiene autoridad sobre ella. En Marcos 4:39, Jesús se levanta y reprende al viento diciendo: “¡Calla, enmudece!” y el mar se aquieta.
Nuestra primera reacción ante la crisis no debe ser el pánico ni correr en todas direcciones buscando ayuda humana. La Palabra nos enseña que lo primero es buscar a Dios. Así lo hizo Josafat en 2 Crónicas 20:3, quien humilló su rostro para consultar a Jehová antes de actuar.
No corras de Dios en la tormenta; corre hacia Él. Habla con Dios, preséntale tu situación, tus temores y tus necesidades. Filipenses 4:6 nos exhorta a presentar nuestras peticiones a Dios con oración y acción de gracias. La oración no cambia solo la situación; primero cambia nuestro corazón.
3. Cristo es tu gozo en la tormenta
Santiago 1:2
Santiago nos da una instrucción que parece contradictoria: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.” El gozo no significa negar la realidad de la tormenta, sino confiar en que Dios está obrando en medio de ella.
Nos gozamos porque sabemos que la tormenta es temporal y porque Dios está con nosotros. Proverbios 17:22 dice que el corazón alegre constituye buen remedio. El gozo fortalece la vida, y el gozo es una decisión diaria.
Cuando decides gozarte, aunque no entiendas todo, te mueves del miedo a la fe, y de la tormenta a la presencia de Dios.
4. Cristo es tu Consolador en la tormenta
Salmo 34:18; Salmo 23:3
Dios no solo calma el viento; también sana el corazón. El Salmo 34:18 nos recuerda que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón. Cristo consuela tu alma, tu mente, tu voluntad y tus emociones. Él restaura lo que la tormenta intenta quebrar.
El Salmo 23:3 declara que Él restaura nuestra alma. Aun cuando todo alrededor parece inestable, Dios trabaja internamente, trayendo paz, sanidad y dirección.
Conclusión
Nunca pienses que estás solo en la tormenta. Aunque las olas sean altas y el viento sea fuerte, Cristo está contigo siempre. Su presencia es tu paz, Su palabra es tu ancla y Su poder es mayor que cualquier tormenta que enfrentes.
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